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Redacción

Oliver Roosevelt Sánchez


Polvo del Sahara: conociendo este fenómeno más a fondo


  • Oliver Roosevelt Sánchez | martes, 07 abril 2026

El polvo del Sahara es fundamentalmente polvo mineral que se desplaza desde el desierto africano hacia América, Europa y Asia. Este traslado es posible gracias a las corrientes de vientos que ope­ran dentro de la denominada Capa de Aire ­Sahariana (SAL). Químicamente, este polvo atmosférico está compuesto por elementos como cuarzo, fósforo y hierro, entre muchos otros. En la región del Caribe, el fenómeno alcanza su mayor intensidad durante los meses de junio, julio y agosto.

A pesar de que su presencia puede desencadenar alergias y diversas afecciones respiratorias, este polvo cumple funciones ecológi­cas vitales: actúa como un fertilizante natural para suelos y plantas, provee nutrientes esenciales a los océanos y juega un papel crucial al dificultar la intensificación de los ciclones tropicales.

Las masas de aire polvoriento emergen de África con una frecuencia promedio de 3 a 5 días. La SAL es una masa de aire extremadamente seca que se forma sobre el Sahara entre el final de la primavera y principios del otoño. Anualmente, este fenómeno moviliza cerca de 800 millones de toneladas de polvo, de las cuales aproximadamente 182 millones se ­dispersan sobre el Océano Atlántico. Un hito reciente fue la nube gigante apodada «Godzilla» en junio de 2020, que cubrió miles de kilómetros y se registró como el evento más intenso de las últimas dos décadas.

En términos de estructura, estos brotes suelen ocupar una capa atmosférica de entre 3 y 4 kilómetros de espesor, situando su base a unos 1,6 kilómetros de altura. 

Las nubes pueden alcanzar extensiones comparables a los 48 estados continentales de EE. UU. y elevarse hasta los 18,000 o 20,000 pies. El trayecto desde el desierto hasta el Caribe oriental toma entre 3 y 5 días, mientras que su llegada a Centroamérica, el Golfo de México y Estados Unidos puede demorar de 7 a 10 días.

La acumulación de polvo en la tropósfera tiende a inhibir la formación de ciclones tropi­cales debido a que las partículas fomentan el aire seco, generando estabilidad atmosférica. Además, la SAL suele interactuar con el Chorro Africano del Este (vientos de entre 40 km/h y 88 km/h). Esta mezcla, situada entre los 3 y 4 km de altura, produce un viento ­cortante que altera la estructura vertical de los sistemas ciclónicos, frenando su desarrollo.

Estudios realizados en 2005 determinaron que el polvo está compuesto por un 64% de silicatos, 14% de sulfatos, 9% de material ­carbonoso, 6% de cuarzo, 5% de partículas ricas en calcio, 1% de hollín y 1% de hematita. 

En total, se han identificado 17 elementos diferentes, incluyendo sodio, manganeso, aluminio, silicio, hierro, cobalto, cobre, potasio y calcio. Es relevante mencionar que el polvo no solo transporta minerales, sino también bacterias y hongos capaces de sobrevivir a la larga travesía.

La peligrosidad de las partículas de polvo para los seres humanos está determinada directamente por su tamaño, comenzando por el particulado denominado PM 10, que mide 10 micras o menos y suele quedar atrapado en la nariz o la garganta, seguido por las partículas PM 2.5, que al ser aún más finas de 2.5 micras o menos resultan sumamente peligrosas debido a su capacidad para penetrar en los pulmones, pasar al torrente sanguíneo y afectar órganos vitales como el corazón y el cerebro, y concluyendo con las PM 0.1, las cuales son tan diminutas que pueden colarse a través del nervio olfativo para llegar directamente al cerebro.

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