
Oliver Roosevelt Sánchez
Polvo del Sahara: conociendo este fenómeno más a fondo
El polvo del Sahara es fundamentalmente polvo mineral que se desplaza desde el desierto africano hacia América, Europa y Asia. Este traslado es posible gracias a las corrientes de vientos que operan dentro de la denominada Capa de Aire Sahariana (SAL). Químicamente, este polvo atmosférico está compuesto por elementos como cuarzo, fósforo y hierro, entre muchos otros. En la región del Caribe, el fenómeno alcanza su mayor intensidad durante los meses de junio, julio y agosto.
A pesar de que su presencia puede desencadenar alergias y diversas afecciones respiratorias, este polvo cumple funciones ecológicas vitales: actúa como un fertilizante natural para suelos y plantas, provee nutrientes esenciales a los océanos y juega un papel crucial al dificultar la intensificación de los ciclones tropicales.
Las masas de aire polvoriento emergen de África con una frecuencia promedio de 3 a 5 días. La SAL es una masa de aire extremadamente seca que se forma sobre el Sahara entre el final de la primavera y principios del otoño. Anualmente, este fenómeno moviliza cerca de 800 millones de toneladas de polvo, de las cuales aproximadamente 182 millones se dispersan sobre el Océano Atlántico. Un hito reciente fue la nube gigante apodada «Godzilla» en junio de 2020, que cubrió miles de kilómetros y se registró como el evento más intenso de las últimas dos décadas.
En términos de estructura, estos brotes suelen ocupar una capa atmosférica de entre 3 y 4 kilómetros de espesor, situando su base a unos 1,6 kilómetros de altura.
Las nubes pueden alcanzar extensiones comparables a los 48 estados continentales de EE. UU. y elevarse hasta los 18,000 o 20,000 pies. El trayecto desde el desierto hasta el Caribe oriental toma entre 3 y 5 días, mientras que su llegada a Centroamérica, el Golfo de México y Estados Unidos puede demorar de 7 a 10 días.
La acumulación de polvo en la tropósfera tiende a inhibir la formación de ciclones tropicales debido a que las partículas fomentan el aire seco, generando estabilidad atmosférica. Además, la SAL suele interactuar con el Chorro Africano del Este (vientos de entre 40 km/h y 88 km/h). Esta mezcla, situada entre los 3 y 4 km de altura, produce un viento cortante que altera la estructura vertical de los sistemas ciclónicos, frenando su desarrollo.
Estudios realizados en 2005 determinaron que el polvo está compuesto por un 64% de silicatos, 14% de sulfatos, 9% de material carbonoso, 6% de cuarzo, 5% de partículas ricas en calcio, 1% de hollín y 1% de hematita.
En total, se han identificado 17 elementos diferentes, incluyendo sodio, manganeso, aluminio, silicio, hierro, cobalto, cobre, potasio y calcio. Es relevante mencionar que el polvo no solo transporta minerales, sino también bacterias y hongos capaces de sobrevivir a la larga travesía.
La peligrosidad de las partículas de polvo para los seres humanos está determinada directamente por su tamaño, comenzando por el particulado denominado PM 10, que mide 10 micras o menos y suele quedar atrapado en la nariz o la garganta, seguido por las partículas PM 2.5, que al ser aún más finas de 2.5 micras o menos resultan sumamente peligrosas debido a su capacidad para penetrar en los pulmones, pasar al torrente sanguíneo y afectar órganos vitales como el corazón y el cerebro, y concluyendo con las PM 0.1, las cuales son tan diminutas que pueden colarse a través del nervio olfativo para llegar directamente al cerebro.











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