El Degüello de Moca, a los 221 años de lo ocurrido
- Lidia Melania Emeterio Rondón | martes, 14 abril 2026
El cambio radical que se produce en el medio ambiente al llegar la Semana Santa, hace casi imposible el abordaje de ciertos temas históricos y urticantes, como lo es, por ejemplo, el Degüello de Moca. Pasados ya estos días de recogimiento, hay que referirse a este asunto, recordando que el Degüello de Moca fue un hecho sangriento, disoluto y de odio, ocurrido un 3 de abril del 1805, y ejecutado por los haitianos contra los moradores de la ciudad de Moca, y bajo la dirección de Henry Christophe y Jean Jacques Dessalines. De lo ocurrido han pasado 221 años, más a juzgar por la realidad viviente, este degüello continúa en diferentes dimensiones y acontecimientos.
Porque esta fecha, habiendo sido sobre un hecho tan cruel, pasa casi siempre desapercibida, es de moral obligación, al menos preguntarse ¿A quién favorece esa inobservancia, a quién se quiere proteger, y a costa de qué o de quién?. ¿Es que no tienen dolientes aquellos muertos? Para la época del degüello, ya los haitianos, por la esclavitud de que eran objeto, habían logrado victo- riosas batallas contra los franceses, pero en su delirio de expansión, siempre pretendieron la isla completa, convirtiéndose en un terror para los habitantes de esta parte de la isla, y ese terror fue el que se impuso en Moca cuando fueron degollados por tropas haitianas, hombres, mujeres y niños de tez blanca. Decir que los haitianos actuaron con sed de sangre, no es todo. Ellos actuaron así porque se sentían poderosos, y vencedores, razón que estimulaba su imaginación y salvajismo macabro.
Lo del Degüello de Moca en 1805, fue una masacre que, aunque se sabía que los haitianos eran una verdadera amenaza, encontró a la población mocana desprevenida. Ignoraban que algo de tan alta crueldad pudiera ocurrirles, y se dejaron seducir por la promesa de paz que les hicieron los haitianos. Los jefes de las tropas haitianas solicitaron al párroco la realización de un Te Deum, un acto religioso para celebrar la paz. La solicitud fue concedida, y la iglesia, ese día, se llenó de feligreses. Una vez iniciado el oficio religioso, los haitianos cerraron las puertas del templo, y allí prendieron fuego. Quienes intentaron huir, fueron degollados con las bayonetas.
Así fue como se llevó a cabo el mas brutal episodio de toda la historia, no solo del El caribe. Fue un crimen de odio, un acto de barbarie, y de carácter múltiple. La historia reseña que, 17 años después de este hecho abominable, los haitianos invadieron el territorio dominicano, por un periodo de 22 años.
Es el Degüello de Moca, el acontecimiento que los historiadores han querido borrar, y quizá a esa intención se deba, que este episodio no vengado, ni desagraviado, continue produciéndose en distintas modalidades, pues hoy, mucho mas que en 1805, el degüello está, ventajosamente presente, porque ahora cuenta con la complacencia y complicidad de muchos dominicanos olvidadizos de su historia de liberación, y de sangre. Ese degüello de hoy es mucho mas abarcador e intencionado, pues si lo del 3 de abril del 1805 lo han querido borrar de la memoria histórica, el degüello de hoy está mucho mas enseñoreado, y trabaja para borrarnos de la historia y apropiarse de todo el territorio y lo que contiene.
Al considerar el Degüello de Moca como una acción macabra que continúa en el tiempo, no se trata de un decir, sino de una realidad que se impone en casi todo el quehacer de la República Dominicana. Un ejemplo que, como imperativo, viene al caso, es la carnicería humana que vienen haciendo, a sus anchas, los haitianos en nuestro país, sin que esto constituya una alarma, y la puesta en ejecución de un plan que contrarreste esas incursiones criminales. Las autoridades locales, mas bien son indiferentes, y a veces actúan con temor. Ocurre que casi todos los delitos que cometen estos extranjeros, son mediatizados bajo el criterio de los derechos humanos, pues para protegerlos, todo se quiere ver con el lente chantajista del racismo y la xenofobia.
Solo con ojear las estadísticas nacionales, sin incluir otros de sus tantos delitos, en materia de homicidios cometidos por extranjeros en República Dominicana, puede comprobarse que, año tras año los haitianos están siendo mas del 89 por ciento de estos casos. Por manos haitianas, y sus machetes, han caído muertos numerosos hacendados, comerciantes, lideres comunitarios, personas ancianas, mujeres, artistas, policías, y realizados crímenes múltiples. Aun está en la Justicia de Dajabón, el caso de un asesinato múltiple, donde una familia fue víctima de manos haitiana, que, para robarle, en horas de la madrugada, mataron a cuatro de sus miembros, y solo uno sobrevivió porque lo creían muerto. Existen unas estadísticas de crímenes haitianos que se han venido organizando al margen de las estadísticas naciones. Pero es espantoso, mirar no solo los nombres sino los rostros de esas víctimas. Hasta prueba en contrario, Dominicana es el único país que permite contra sus ciudadanos/ as, que un grupo de extranjeros derramen la sangre de los suyos sin que hayan consecuencias al mismo nivel.
Buscando una respuesta institucional a la criminalidad haitiana en República Dominicana, fue que desde mediado del año 2024, hasta bien entrado el 2025, hicimos pública una iniciativa consistente en una Campaña por el Desarme de los Haitianos en el Territorio Dominicano. Esta iniciativa fue apoyada por muchas personas que dieron sus firmas, en el entendido de que, siendo el machete el arma con la que los haitianos han asesinado y degollado a tantos dominicanos, la campaña era un aporte invaluable, algo entendible y adecuado. Pero no resultó. El Ministerio de Interior y Policía, a quien por obligación había que dirigirse, no se dio por aludido. La ministra no concedió la entrevista, ni hubo ninguna clase de receptividad con la documentación destinada a su despacho, donde se planteaban los objetivos y fundamentos de la campaña.
La Campaña por el Desarme de los Haitianos es y sigue siendo viable, y salvadora, incluso desde lo que se entiende como seguridad ciudadana. No es extraño este comportamiento de la Ministra, y del Ministro anterior, pues su actitud forma parte de la tolerancia y la complicidad con que muchos sectores siguen sosteniendo, frente a cualquier asunto que toque a los haitianos. Por las razones que sean, no les importan los daños y perjuicios de los haitianos a los propios dominicanos. Lo que se quiere es, hasta en el delito, brindarle apoyo y protección, aunque esto resulte muy extraño. Es así como actúa la complicidad oficial, intelectual, académica, política, y buena parte de la sociedad civil organizada. Ellos son hoy los responsable de que el Degüello de Moca del 3 de abril se siga ejecutando. Su sensibilidad, cual pacto secreto, está con los haitianos, y con ello traicionan a la Patria.
Ojalá que las fuerzas vivas del país, y a las personas que permanecen sensibles a la Soberanía Nacional, se den cuenta de que el país está corriendo el mayor de los peligros de toda su historia. El peligro de los plenes fusionistas, presionados por organismos internacionales, es cada vez mayor, pues el desastre del país haitiano sigue pendiente para que lo asuma el país, y ese es un tremendo degüello, una espada que solo la unidad ciudadana, puede afrontar, sabiendo que el Degüello Moca del 1805 es ahora un gigante que ha parido, y multiplicado su encono feroz contra la República Dominicana.
Melania Emeterio R.






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