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Una frontera más segura, un país más tranquilo



La seguridad fronteriza constituye uno de los pilares de la soberanía nacional y una condición indispensable para la estabilidad y la tranquilidad ciudadana. En ese contexto, las recientes declaraciones del ministro de Defensa, teniente general Carlos Fernández Onofre, sobre el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y la modernización de la vigilancia fronteriza permiten reconocer los esfuerzos realizados y señalar las prioridades que deben orientar su continuidad.

El funcionario afirmó que las Fuerzas Arma­das experimentan una transformación institucional, operacional y logística sin precedentes en los últimos 60 años. Según explicó, este proceso ha contribuido a reforzar la protec­ción del territorio nacional, mediante mayores capacidades humanas, tecnológicas y operativas.

Entre las medidas expuestas figura el desplie­gue de 11,000 soldados en labores de patrullaje y vigilancia, junto con la ampliación de la verja perimetral inteligente y la incorpo­ración de vehículos y equipos especializados.  La iluminación, las cámaras, la fibra óptica y los drones, integrados a los sistemas de vigi­lancia y comando, procuran mejorar la detección de actividades ilícitas y la capacidad de respuesta de las autoridades.

También destaca el anuncio de que en diciem­bre se prevé inaugurar 38 kilómetros de verja fronteriza entre Manzanillo y Capotillo. Esta iniciativa, junto con las obras en ejecución y el fortalecimiento de la vigilancia terrestre, marítima y aérea, forma parte de una estrategia que requiere coordinación, continuidad y adecuada gestión de los recursos públicos.

No obstante, la eficacia de estas medidas debe valorarse no solo por la cantidad de efectivos desplegados, los kilómetros construi­dos o los equipos incorporados, sino también por sus resultados concretos. Prevenir delitos, combatir el tráfico ilícito, ejercer un control efectivo del territorio y proteger a las comuni­dades limítrofes son objetivos esenciales de una política de seguridad responsable, aplicada con apego a las leyes y respeto a los derechos humanos.

A estos esfuerzos debe acompañarlos una mayor presencia de las instituciones civiles del Estado, mediante servicios públicos, oportunidades económicas, educación e infraestructuras que contribuyan al bienestar de las poblaciones fronterizas. La defensa del territorio y el desarrollo de sus comunidades son dimen­siones complementarias de una misma respon­sabilidad nacional.

Las medidas anunciadas constituyen avances que merecen atención. Corresponde mantener su ejecución, evaluar periódicamente su efectividad y asegurar que las inversiones respondan a objetivos verificables y sostenibles. La rendi­ción de cuentas y la coordinación entre las insti­tuciones competentes son indispensables para consolidar los resultados.

Una frontera segura es expresión de un Estado capaz de proteger su soberanía, hacer cumplir la ley y garantizar condiciones de tranquilidad para sus ciudadanos. Ese compro­miso exige vigilancia eficaz, instituciones sólidas y una visión de desarrollo que alcance a toda la nación.

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