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El arroz y la seguridad alimentaria nacional


  • Redacción | lunes, 12 octubre 2026

El arroz ocupa un lugar fundamental en la alimentación dominicana y en la estructura productiva del país. Su cultivo genera ­empleos, moviliza inversiones y sostiene nume­rosas comunidades rurales. Por ello, las decisiones sobre las condiciones de su comercialización deben examinarse desde una perspectiva que ­considere tanto la apertura de los mercados como la capacidad de la producción nacional para mante­ner su competitividad y contribuir a la segu­ridad alimentaria.

La derogación del Decreto 693-24 y las conver­saciones relacionadas con un eventual acuerdo comercial recíproco con Estados Unidos sitúan la actividad arrocera ante un escenario que ­requiere atención y análisis. La Asociación Domi­nicana de Factorías de Arroz (Adofa) ha expresado su confianza en el presidente Luis Abinader y en las autoridades involucradas en estas negociaciones, al tiempo que ha planteado la importancia de preservar condiciones favorables para los produc­tores nacionales. Por su parte, la Confede­ración Nacional de Productores Agropecuarios (Confenagro) ha señalado la necesidad de acompa­ñar los cambios en las condiciones de ­importación con medidas que fortalezcan la produc­ción local.

Ambas posiciones ponen de relieve un asunto esencial: la política comercial debe considerar sus efectos sobre las actividades productivas ­nacionales, sin perder de vista las oportunidades que puede ofrecer una mayor integración económica.

En ese contexto, la modernización del campo constituye un componente importante de la respues­ta. El ministro de Agricultura, Francisco Oliverio Espaillat Bencosme, ha reafirmado el compromiso del Gobierno con los productores y señalado el Programa Nacional de Mecanización Agropecuaria (Pronamec) como parte de los esfuer­zos dirigidos a reducir costos, elevar la produc­tividad y mejorar las condiciones de traba­jo. La mecanización, la tecnificación y el uso eficiente de los recursos pueden contribuir a que el sector enfrente con mayores capacidades las exigen­cias de la competencia.

Según las organizaciones del sector, alrededor de 30,000 productores participan en la actividad arrocera, que también involucra a trabajadores, factorías, transportistas, comerciantes y comuni­dades rurales. Esta dimensión económica y social explica por qué las decisiones que afectan al ­cultivo deben ponderarse con criterios de sostenibilidad, eficiencia y bienestar colectivo.

La apertura comercial puede generar oportunidades, pero aprovecharlas requiere una producción capaz de responder a las nuevas condiciones del mercado. De ahí la importancia de mantener políticas coherentes, promover inversiones, faci­litar la incorporación de tecnología y propiciar un diálogo continuo entre las autoridades y los actores del sector.

El objetivo debe ser consolidar una actividad arrocera moderna, competitiva y sostenible, que contribuya al abastecimiento nacional y al desa­rrollo rural. Para ello, resulta fundamental que las decisiones comerciales estén acompañadas de ­iniciativas que permitan a los productores ­adaptarse a los cambios y aprovechar las oportunidades disponibles.

La Información considera que el interés ­nacional exige abordar este proceso con equilibrio y visión de largo plazo. Fortalecer la producción arrocera no supone desconocer las posibilidades del comercio internacional, sino procurar que la apertura económica contribuya también al desa­rrollo de las capacidades productivas del país y a la seguridad

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